Noticias Locales
Itinerario de un héroe
Myriam Silva-Warren | CENTRO Tampa
Published: November 12, 2012
TAMPA - Francisco Pacheco-Alicea es como el Ave Fénix: renació de sus propias cenizas al igual que el ave legendaria que vuelve a reinventarse tras salir de las llamas.Published: November 12, 2012
Pacheco-Alicea, de origen puertorriqueño, no es un titán ni tiene la apariencia de un Rambo, al contrario tiene una sonrisa amplia y es humilde. "Francisco, para mí, es el verdadero American hero", dijo Waldo Esparza, el especialista en prótesis que atiende a Pacheco-Alicea, quien perdió sus dos piernas en la Guerra de Vietnam. "Desde hace muchos años, Waldo me ha hecho las prótesis, y él ha añadido lo humano, lo del corazón a su oficio", afirmó Pacheco-Alicea en reciente entrevista desde la clínica protésica de Esparza.
Y es que Esparza, aunque no ha estado en ningún conflicto bélico, sabe lo que experimentan sus pacientes. De origen cubano y criado en Puerto Rico, sufrió un accidente en una moto a los 15 años y perdió una pierna. La falta de tecnología motivó a Esparza a estudiar en la Universidad de Washington, Seattle, una licenciatura en Prótesis y Ortosis.
"Algunos de mis pacientes se vuelven en una especie de amigos porque son personas que necesitan de mi servicio de por vida y yo estoy en el mismo tren… Entiendo cuando se suelta un tornillo un fin de semana", agregó Esparza.
Ese día, el especialista ajustaba una de las prótesis de Pacheco-Alicea, quien se unió a la Infantería de Marina de Estados Unidos cuando cumplió 18 años. Pacheco-Alicea, oriundo de Yauco, un pueblo en Puerto Rico ubicado en "las montañas y conocido por sus cultivos cafeteros", se enlistó en secreto.
Contó que en 1966, a los 16 años, cuando decidió abandonar su escuela secundaria, su familia le dijo: "No puedes quedarte de vago…y como la mayoría de mi familia vivía en Chicago, me fui a Illinois con mi hermana mayor".
"En Chicago, trabajé en una compañía que hacía walkie-talkies para el ejército. Y siendo tan joven y en el primer invierno, con esa nieve, pensaba: ‘Esta no es una vida para mí’", dijo Pacheco-Alicea, quien en su recorrido diario pasaba por una oficina de reclutamiento. Sin comunicarle a su hermana, un día faltó al trabajo y se fue de voluntario para el U.S. Marine Corps.
Recordó que, en 1965, empezó oficialmente la Guerra de Vietnam y que para 1968 ese conflicto estaba en su máximo apogeo. Lo primero que vivió Pacheco-Alicea tras su arribo a Da Nang, Vietnam, es que cuando se estaba acostando "entró alguien gritando que había un ataque". "Esa fue la bienvenida de lo que había allí, era real… Éramos jovencitos", dijo el ex infante de marina, quien estaría 13 meses en combate. Al principio, Pacheco-Alicea quería salir de Vietnam, pero, al paso de los días, se acostumbró y, en cambio, creció en él un "sentimiento patriótico".
"Pero a los cinco meses salí herido. Hubo una explosión de una mina", dijo Pacheco-Alicea, quien recuerda todo el accidente que ocurrió el 9 de marzo de 1969, pues sólo perdió el conocimiento cuando lo ingresaron en la sala de operación. "Salí volando como un saco de papas… Por el ojo derecho no veo por culpa de un strip nail… Una pierna la perdí debajo de la rodilla; y la otra, arriba de la rodilla", dijo Pacheco- Alicea.
Otros dos de sus compañeros también salieron lesionados. Él estuvo en un barco hospital, luego en un hospital de Japón, y una vez "estabilizado", lo llevaron a Filadelfia. Pacheco-Alicea cuenta que entonces había dejado una novia en Chicago.
"Me fue a visitar mi hermana con mi noviecita al hospital un par de veces, pero todo terminó", dijo. Unos meses después, cuando "estábamos más fuertecitos", del hospital los llevaban a pasear por el río Delaware. "Un día, al llegar al muelle, todos comenzamos a sacar la cabeza por la ventana del bus. Había varias mujeres, mis compañeros comenzaron a gritar: ¡Hey beautiful!". Yo me dirigí a un grupo y grité: "¡Hola, guapas!". Pensé que eran puertorriqueñas", relató. Según Pacheco-Alicea, paró el autobús y un coronel les dijo a las jóvenes que no se sorprendieran, que eran veteranos incapacitados. "Me dirigí en silla de ruedas a esas muchachas y les dije: "¿De qué lugar de Puerto Rico son ustedes?". Ellas contestaron: "Somos de Guatemala", contó.
Siguieron viéndose esporádicamente hasta que una de esas "guapas", sin pensarlo, le atrajo a Pacheco-Alicea. "En 1976, nos encontramos otra vez. En 1977, nos juntamos y tuvimos nuestro primer hijo. En Puerto Rico nos casamos en 1980…". Hoy en día, él es abuelo de cuatro niñas y las recoge a diario cuando salen de la escuela. Actualmente, Pacheco-Alicea, de 63 años, cuenta con lo último en tecnología prostética, gracias al James A. Haley Veterans’ Hospital. Esparza, su especialista, explicó que el puertorriqueño tiene una rodilla que cuenta con microprocesador que se carga de noche.
"Lleva más de 40 años lidiando con las prótesis, se mueve muy bien… Es impresionante, con estas limitaciones físicas se mete como misionero en terrenos agrestes en Centroamérica.
Y le digo: mi pana, cómo te metiste ahí con esas piernas". Pacheco-Alicea fundó una asociación sin fines de lucro que llamó Children Missions Ministries y viaja "llevando el amor y la compasión de Cristo a los niños y a comunidades pobres, donde un juguetito o un cepillito de dientes es lo más grande para ellos".
"En mayo, estábamos pegados de la frontera con Haití. Se ven los niños descalzos, sin ropa, son los que trabajan la caña, uno quisiera ayudar más…", agregó Pacheco-Alicea.
-------
Para comunicarse con nuestra reportera: mwarren@centrotampa.com o 813-259-8037
- Si desea comunicarse con la misión de Pacheco-Alicea, puede llamar al 813-684-5741
- Para conocer más acerca de la tecnología prostética, visite Tampaprosthetics.com
