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Desapareció sin dejar huella

HACE 25 AÑOS. Su madre y su familia no pierden la esperanza de que esté con vida y la policía pueda hallarla

Publicado: 30/05/2008

TAMPA-- Kathy Longo, de 53 años, se aferra al álbum de forro rojo con las fotos de su hija desaparecida y de los que, según ella, son sospechosos en su secuestro. "Mi tiempo se ha detenido", dijo.

Es como si su vida se hubiera partido en dos: antes de la desaparición de Jennifer y después.

Jennifer Sophia Marteliz, de siete años, salió caminando de su escuela, Shaw Elementary, en Tampa, el 15 de noviembre de 1982. Anduvo más de una milla con su amiga, Theresa Hall, de ocho años. Una cuadra antes de llegar a su casa, en 1204 98th St, le pidió a Theresa que la observara hasta que entrara a la vivienda. Tenía miedo, le dijo. Eran cerca de las 3 pm.

Theresa la siguió con la mirada hasta que alcanzó el buzón. Después, la perdió de vista.
Jennifer vivía allí con su padre, Rolando William "Billy" Marteliz, hijo de padre cubano, y su madrastra. Cuando no volvió a casa después de la escuela, Marteliz la reportó como desaparecida.

Según un informe policiaco, el día que desapareció la niña llevaba puesto un vestido color naranja o rosado con estampado de flores amarillas; zapatillas de ballet color marrón y aretes dorados en forma de corazón.

Nancy Tunstall, tía de Jennifer y hermana de Longo, dijo que a Jennifer la apodaron "Firecracker" (Cohete), por su animada personalidad.

El detective Robert "OP" Parrish, de la Policía de Tampa, está involucrado en el caso desde 1982, aunque entonces tenía otro cargo. Ayudó en las tareas iniciales de búsqueda y actualmente es el investigador responsable del caso.

Parrish dijo que en aquel momento se asignaron varios helicópteros a buscar a Jennifer, así como perros rastreadores y 20 agentes a tiempo completo. Miles de voluntarios se sumaron, según noticiarios de la época. Su foto apareció en la TV y panfletos que se distribuyeron por doquier.

Pero no fueron sólo las autoridades las que se enfrascaron en la búsqueda. Longo misma se convirtió, a su manera, en detective, al tiempo que cuidaba de su otra hija, Toni Lisa Marteliz.

Semanas después de la desa- parición, Longo se enteró de que un conductor de ómnibus había visto a una niña parecida a Jennifer acompañada de un hombre latino. Su descripción era similar a la fotografía de un hombre que había sido arrestado por una pelea con su novia, propietaria de una taberna (ya demolida) en Cherry St esquina a Armenia Ave.

Longo logró hacer amistades entre los taxistas de la ciudad, algunos de los cuales la llevaban gratis de un sitio a otro, para ayudarla. Todas las noches, Longo acudía a la taberna para anotar las placas de los autos estacionados allí. Al día siguiente, obtenía las direcciones en la corte y las investigaba.

Para que no la reconocieran, "usaba una peluca roja o rubia", dijo.

Sus indagaciones la llevaron tiempo después a una dirección en Miami, donde se enteró de que había una mujer, de apellido Fernández, que tenía en su casa a varios menores traídos de Cuba, para después distribuirlos en diferentes hogares.

En la misma zona había una escuela. Longo habló con el director y un maestro, quienes según ella, dijeron haber visto a una niña parecida a Jennifer. Pero al ser interrogado por la policía, el director se retractó.

Longo no estuvo sola en sus pesquisas; sus padres la ayudaron. Ambos fallecieron sin haber encontrado a su nieta, dijo.

Longo sospecha que la madrastra o el mismo padre pudieron tener que ver en la desaparición, pero el detective Parrish descarta cualquier participación de un familiar en el hecho. Otra teoría, según Parrish, es que fue secuestrada por un depredador sexual.

Longo, en cambio, opina que la niña fue secuestrada para exigir una recompensa, y que los secuestradores desistieron, al saber que el caso estaba en manos de la policía y los teléfonos de la familia intervenidos.

Según algunos recuentos, al principio las autoridades sospecharon de Thomas Peter Welnicki, a quien se describió como drogadicto, y quien residía en el mismo dúplex de Marteliz, el padre. Welnicki pasó tiempo en la cárcel por posesión de drogas, pero no hubo evidencia contra él. "No era más que un vecino", dijo Parrish.

Longo estaba divorciada de Marteliz cuando Jennifer desapareció, pero ella era quien tenía la custodia. Sin embargo, un consejero familiar recomendó que la niña fuera a vivir con su padre.

Diferencias en cuanto a la crianza de Jennifer provocaron discusiones entre los Longo y Marteliz. Longo y su madre pensaban acudir a buscar a la niña para llevársela el día antes de que desapareció, pero una emergencia familiar lo impidió, dijo Longo. Es algo que la hace llorar, porque le parece que la desaparición pudo haberse evitado.

Parrish, el detective, no se ha dado por vencido. "Alguien por ahí sabe lo que pasó, y si logramos dar con la persona indicada, resolveremos el caso", dijo. "Esto es devastador para mí también".

Parrish aseguró que el mes pasado entrevistó a alguien en la pesquisa sobre Jennifer. Según él, si la desaparición hubiera ocurrido actualmente, la tecnología con que se cuenta hubiera ayudado a resolver el caso.

Longo no pierde la esperanza de que Jennifer esté con vida, quizás acogida por otras personas. "Prefiero pensar que está con una buena familia y que no le ha pasado nada", dijo.

Al cumplirse en noviembre pasado 25 años de la desaparición, Nancy Tunstall, tía de Jennifer, tuvo la iniciativa de hacer una película para ayudar a encontrarla. She Could be You es el primer filme que produce Tunstall, una empresaria de finanzas. Fue realizado en 21 días, con 91 actores, incluyendo miembros de la familia. Está en proceso de edición y Tunstall planea buscar un distribuidor.

Longo espera que su hija vea la película y se dé cuenta de los esfuerzos que ha hecho por encontrarla. Jennifer cumpliría 33 años el próximo 9 de junio.

"Dios, haz que mi Jennifer regrese a casa", es algo que Longo se repite a menudo.
Según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, cada día se reporta un promedio de 2,185 niños menores de 18 años desaparecidos en el país, víctimas de secuestros por familiares o desconocidos.

Centro Nacional de Niños Desaparecidos y Explotados:
1-800-843-5678


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