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Días de espera para futbolistas desertores

Publicado: 27/05/2008

TAMPA- Cuando Yendry Díaz se escabulló hace dos meses del hotel donde se hospedaba el equipo cubano de fútbol en Cypress St, había cifrado muchas esperanzas en su nueva vida en Estados Unidos, y en un contrato con un equipo profesional.

La semana pasada, sin embargo, se encontraba sumido en un papeleo burocrático, haciendo una solicitud de cupones de alimentos.

Tanto él como otro compañero de equipo que desertó, Eder Roldán, carecen de permisos de trabajo mientras aguardan por una entrevista de asilo político.

Así que Díaz duerme hasta tarde en la casa del tío de su novia, donde vive. Envía correos electrónicos a amigos en Cuba. Todos los días manda mensajes de textos a su mamá, para que le llame. Se enfrasca en videojuegos de fútbol y béisbol en casa de un amigo, que vive a un par de cuadras de él. Practica tres veces por semana con el equipo de fútbol aficionado Dynamo New Tampa. Cada fin de semana, se va a jugar bolos.

Así, espera el comienzo de su nueva vida. Pero no se arrepiente.

"Me siento bien", dijo Díaz. "Me siento cómodo aquí, porque puedo hacer lo que quiero. Aquí puedo salir a calle y tener mi propio carro".

En Cuba hace falta permiso del gobierno para poseer un auto. Aquí, en Tampa, lo único que hace falta es dinero para comprarlo. Y una licencia para manejarlo. Eso es lo que no tiene aún, hasta que concluyan sus trámites de inmigración.

Díaz y Roldán, quien rehusó ser entrevistado para este artículo, aguardan una entrevista de asilo político. Entre tanto, los $2,100 que Díaz trajo de Cuba se agotan rápidamente. "Vine preparado", dijo.

La vida en EEUU es ligeramente monótona en estos momentos para un hombre de 21 años, lleno de energías.

"Me aburro mucho, sin hacer nada todo el día", afirmó Díaz, echando una mirada a la pequeña y ordenada sala de la casa de Town 'N Country que comparte con Waldo y Adela Yanes, tíos de la cubana-estadounidense de 20 años de quien se enamoró a primera vista hace dos meses, cerca del hotel donde se hospedaba su equipo.

El y Odelmis Delgado, de Carrollwood, son un solo corazón desde entonces.

El le pidió su número de teléfono. Luego, el día después de que desaparecieron del hotel otros cinco miembros del equipo cubano de fútbol, Delgado fue a recoger a Díaz y Roldán en su auto y los ayudó a convertirse en el sexto y séptimo desertores de la semana. (Un técnico auxiliar, Dagoberto Lara, fue el octavo).

"Es buena muchacha", dijo Díaz de Delgado. "Trabaja en una farmacia".

Refiriéndose a sus tíos, que lo acogieron sin cobrarle alquiler, dijo que eran "como padres" para él.

Extraña, eso sí, a sus verdaderos padres, Julio Díaz y Dinora Pérez, y a su hermana de seis años, Maryelena, a quienes dejó atrás. Lleva el recuerdo de su hermana con las iniciales "YQM" tatuadas en su muñeca izquierda, abreviatura de "Yendry quiere a Maryelena". Ha llevado el tatuaje desde que ella tenía un año.

Dijo que a su familia no le falta nada desde el punto de vista económico en su ciudad de Matanzas. Su padre es chofer de ómnibus en la ciudad-balneario de Varadero. Su madre es cocinera allí, en el restaurante Las Cuevas. Al tener acceso a divisas, les va bien.

De todas formas, dijo: "Los quiero traer".

El gobierno cubano, particularmente el equipo de fútbol, hizo pasar un mal rato a las familias de los desertores, según The Miami Herald. Un funcionario del gobierno se presentó en casa de la de uno, exigiendo que le devolvieran las medallas, trofeos y teléfonos del ex jugador. La familia entregó el teléfono, pero persuadieron al funcionario de que les dejara conservar lo demás.

La familia de Díaz no ha tenido muchos problemas. La única excepción, dijo, es que el gobierno no ha permitido que su familia se quede con el televisor de plasma que compró en un viaje a Guyana.

Aquí, en Town 'N Country, se permitió un par de derroches con sus ahorros: una computadora portátil y un teléfono celular de $45 al mes.

El teléfono suena cada cinco minutos. A veces, del otro lado alguien habla de una prueba con el equipo de la United Soccer League.

A comienzos de abril, los Puerto Rico Islanders se entrenaban en la zona central de la Florida, así que Díaz y Roldán se les unieron.

"Estuvimos, de hecho, en Orlando y Tampa una parte de nuestra pretemporada, así que vinieron a entrenar con nosotros un par de días", dijo Colin Clarke, técnido de los Islanders. "Les fue muy bien… Si les dan el permiso de trabajo, ciertamente los querríamos de vuelta. Pero sin los permisos, no se puede".

Pasó lo mismo con el Miami FC, otro equipo profesional de la USL.

"Decidimos esperar hasta que... su estatus migratorio en este país se aclare antes de ofrecerles algo", dijo el portavoz de el equipo, Marcos Ommati.

Díaz y Roldán solicitaron asilo político poco después de abandonar el equipo cubano.

"Dijeron que tomaría uno o dos meses", afirmó Díaz. "Teníamos una cita, pero después tuvimos que cambiarla. Yo estaba listo para la entrevista, pero Eder, no".

Terry Christian, abogado de inmigración en Tampa, ex juez de inmigración y actual presidente en la zona central de la Florida de la Asociación Americana de Abogados de Inmigración, dijo que una vez los atletas se entrevisten con un agente de asilo, la decisión puede tomarse de inmediato o trasladarse a un juez.

"Tan pronto sus solicitudes se tramiten, pueden pedir una autorización de trabajo", dijo Christian, quien no está a cargo del caso de los atletas cubanos. Un abogado de Miami es quien se está ocupando de éste.

Christian pronostica que les otorgarán asilo.

"Es un caso cerrado", dijo Christian. "Se les dará. En su momento".

Por ahora, aguardan una nueva cita. Más de dos meses han pasado desde que se quedaron. Han gastado buena parte de sus ahorros.

"Fui a Niños y Familias a llenar una planilla... de cupones de alimentos", dijo Díaz. "Me dijeron que necesitaba una carta de inmigración diciendo que mi solicitud de asilo había sido aprobada".

No tenía la carta y se fue con las manos vacías.

Al día siguiente, la jornada empezó como cualquier otra. Durmió hasta las 10 am. Se levantó y empezó a mandar correos electrónicos a sus amigos en Cuba.

Cuando contestan, "me preguntan cuándo empiezo a jugar fútbol otra vez", dijo Díaz.

Le envió mensajes de texto a su mamá, pidiéndole que lo llamara a su celular. Hablan todos los días, sólo por uno o dos minutos, para no gastar.

Dijo que siempre le dice lo mismo: "Estoy bien; no te preocupes".


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