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Published: May 20, 2008
Puede estar hecho un ovillo en la cama. O sonriendo entre dientes mientras invita a su próximo cliente a montarse en un auto de uso. O al timón, gritándole a una mujer que se demora en avanzar en una intersección. Pero lo más probable es que no esté en la consulta de un sicoterapeuta.
Cada hombre experimenta la depresión a su manera. Pueden estar irritables, airados o ensimismados. O darse a la bebida o las drogas. A otros les da un ataque cardiaco. Los hombres hispanos, sobre todo, parecen negar lo que consideran una debilidad, según expertos.
La vida de Angel Dedios parecía tan vertiginosa como el negocio de hamburguesas que administraba. Aun su sueño era tormentoso.
"Mi esposa me preguntó si no debía ir a consejería, pero le dije que, como adultos, debiéramos ser capaces de resolver nuestros problemas", dijo Dedios, residente en Tampa. "Luego nos separamos. Yo no creía en la depresión. Me parecía que sólo estaba triste. Se supone que los hombres seamos fuertes".
Para Javier, empleado de mantenimiento en Tampa, la depresión significaba permanecer en cama, inmóvil, con dolores de cabeza e irritabilidad.
"Es una sensación rara. Uno no quiere hablar con nadie", dice Javier, quien pidió que no se usara su apellido. "La gente cree que eres irresponsable o haragán".
Según Rafael Fuentes, consejero de salud mental en Tampa, muchos saben que algo no anda bien, pero no se les ocurriría pensar en la depresión. "Culturalmente... es un problema, porque tenemos que ser machos, los proveedores".
Algunos de sus clientes se envician con el trabajo.
"Se sienten más cómodos allí que yendo a casa a enfrentar sus problemas", dice Fuentes.
Entre unos seis y siete millones de hombres se sienten deprimidos en Estados Unidos, pero la mayoría no busca tratamiento. Los hispanos tienen otro obstáculo: la carencia de sicoterapeutas que hablen español.
Según Men Get Depression (Los Hombres También se Deprimen), documental que se presenta a partir de esta semana por la cadena de TV pública PBS, los hombres no se percatan del efecto que su sufrimiento tiene sobre los demás.
Los fármacos antidepresivos ayudaron a Javier, a quien erróneamente diagnosticaron esquizofrenia cuando era más joven y estaba de vacaciones en Puerto Rico.
"Vine a este país en 1991 para ir a una escuela de chefs", afirma. "Terminé la secundaria en Gaither; luego matriculé en la escuela culinaria. No acabé, porque tuve una crisis".
El medicamento contra la esquizofrenia lo convirtió en "un zombi", dice.
La madre de Javier reconoció sus síntomas. Consiguió ayuda con Francisco Fernández, profesor de la Universidad del Sur de la Florida y presidente de su departamento de siquiatría. Fernández y Javier se presentan juntos en el documental.
"La depresión es seria, pero tratable", dice Fernández. "Los hombres se sienten indefensos, sin esperanza ni rumbo".
Los síntomas pueden ser adversos al tratamiento. "En ninguna otra enfermedad se extingue el instinto de conservación", dice. "El cáncer no te priva necesariamente de tu espíritu; la depresión, sí".
Se calcula que más del 80% de los suicidios surgen de la depresión, y hombres de todas las edades se suicidan en proporciones que superan las de las mujeres por cuatro a uno.
Javier cree que hubiera muerto, de no ser por su siquiatra. "El Dr. Fernández me salvó la vida", dice Javier, quien ahora estudia para inspector de viviendas.
Dedios sigue en Burger King, pero está optimista con la terapia de Fuentes. La hipnosis alienta en él una relajación profunda; la terapia artística le ayuda a articular sus sentimientos. Ha vuelto a su familia y aspira a ser diseñador gráfico.
"Mi esposa y yo hemos aprendido a sentarnos y hablar", dice Dedios. "La quiero tanto, y ahora sé que está bien llorar y decírselo".
ALGUNOS SINTOMAS
Dolores. De cabeza, o de otro tipo que no responden a tratamiento normal. Problemas estomacales.
Riesgos. Deportes peligrosos, juegos de azar, conducir irresponsablemente, promiscuidad sexual.
Furia de la carretera, mal genio, carácter violento.
Sentimientos de culpa o de fracaso.
Falta de energía.
Problemas de sueño.
Uso de drogas o alcohol.
Incapacidad sexual.
Problemas de concentración o memoria.
Tristeza o nerviosismo.
Sensación de soledad.
Pensar en la muerte o el suicidio.
AYUDA
Crisis Center of Tampa Bay
Llame: 813-234-1234 ó visite: www.crisiscenter.com
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