DIA DE LA MADRE. Exitos profesionales y empresariales coronan los esfuerzos de una familia hispana
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Published: May 9, 2008
TAMPA---Lillie Espinosa, de 51 años, recuerda a menudo una anécdota sobre su madre.
Ocurrió en los 70, cuando vivían en Indiana. Una vez, al regresar a casa de sus clases en la universidad, la encontró vestida de Smoky Bear, el oso de los anuncios para prevenir incendios. Sorprendida, le preguntó adónde iba vestida así, y ésta le respondió que a su nuevo empleo como guardabosques.
"Era una cosa que no se espera de una mujer latina", dijo Espinosa.
Agregó que este trabajo en Indiana Dunes National Lakeshore, un parque federal, le sirvió a su madre, Elizabeth Vélez, para desarrollar su talento, no sólo como maestra, sino que también estimuló su gusto por las plantas y los animales.
Pero Espinosa recordó esta vez la anécdota por otra razón.
Las Escuelas Públicas del Condado de Hillsborough reconocieron el aporte de Vélez, de 72 años, a la educación de adultos el pasado 25 de abril, honrándola como Educadora del Año 2007-2008.
Los logros en esta familia pasan, al parecer, de generación en generación. Espinosa es ahora una ejecutiva de recursos humanos corporativos y su hija, Elizabeth Espinosa, de 25 años, se abre paso rápidamente en el negocio de los restaurantes.
Vélez, aunque jubilada, no ha abandonado la enseñanza y da clases de inglés en Brandon Christian Church, una iglesia en el 910 Bryant Road. Nació en Bayamón, Puerto Rico, y llegó a Estados Unidos cuando tenía 16 años. Más adelante, obtuvo una licenciatura en español y educación secundaria de la Universidad de Indiana, y una maestría en inglés como segundo idioma de la Universidad Estatal de la Florida.
Estudió la maestría con una beca, mientras cuidaba de sus cuatro hijos: Fernando Rivera Jr., hoy arquitecto; Héctor Rivera, que ahora es abogado; Wilfredo Rivera, actualmente ejecutivo de ventas; y Lillie, la mayor. La familia se mudó a la Florida en 1982. El esposo de Vélez, Fernando Luis Rivera Sr., fue ministro de la iglesia Discípulos de Cristo en otros estados. Falleció en el 2001.
La mañana del 25 de abril, cuando Vélez fue a recibir su placa como Educadora del Año en un parque de Thonotosassa, la brasileña Eliane Olivera, de 38 años, se acercó al micrófono para agradecer a su maestra de inglés por haberla apoyado cuando su padre falleció hace cinco años.
"Es como una madre", dijo a la audiencia de decenas de personas. "Trabaja muy bien, es amistosa, educada y paciente".
El testimonio de Olivera fue semejante al de otras alumnas suyas que acudieron al podio ese día. Para Vélez, alcanzar esta distinción no fue fácil. Compitió con otros seis educadores locales meritorios.
En una entrevista días antes de recibir la placa, Vélez explicó por qué, después de retirada, ejercía aún el magisterio en Brandon Christian Church, donde más de 50 alumnos de diversos países estudian inglés gratuitamente. "Me gusta y decidí seguir enseñando, porque veo una necesidad en la comunidad".
En el 2004, Vélez era la única profesora en el centro, y dijo que desde entonces, por su iniciativa, las clases de inglés se han dividido en tres niveles, cada uno con su maestro.
"Por la barrera del idioma [los estudiantes] probablemente no pueden encontrar lo que desean", dijo Vélez. "Se me parte el corazón, porque ganan $7 la hora, cuando en sus países son profesionales".
Según ella, entre sus alumnos de inglés hay maestros, abogados, trabajadores sociales y contadores.
Pero Vélez no se limita a enseñar inglés. Para inculcar en los estudiantes los valores estadounidenses, organiza cada año unas elecciones en que los alumnos seleccionan al presidente de su clase mediante un proceso en que los candidatos tienen que postularse, explicar sus plataformas y debatir, todo en inglés.
Lillie Espinosa, su hija, también estudió para maestra. Obtuvo una licenciatura en artes liberales de la Universidad de Indiana, en Bloomington, pero como no halló empleo en ese campo, comenzó a laborar en recursos humanos, dijo. Desde febrero pasado es la vicepresidenta de recursos humanos de la farmacéutica Sirion Therapeutics en Tampa.
"Mi meta es ayudar a esta organización a crecer", afirmó.
Dijo estar orgullosa de sus dos hijas, Elizabeth y Janette Espinosa, quienes tienen una licenciatura en administración de empresas de la Universidad de Tampa. Janette, de 23 años, trabaja para JP Morgan Chase & Co, en Nueva York. Elizabeth fue reclutada recientemente como gerente de restaurante por la cadena de hoteles Loews en Orlando.
"Desde chiquitas, fomenté en ellas lo bueno que es involucrarse en dar a su comunidad y desarrollar sus carreras", dijo Lillie Espinosa.
Además, Elizabeth y su padre, Eliseo Espinosa, son los propietarios de Estrella Tropical Latin Restaurant, en Valrico. A sólo dos años de inaugurarse, fue uno de tres finalistas en el 2007 para el Premio del Año a un Negocio Pequeño, que otorga la Cámara de Comercio de Brandon en la categoría de grupo minoritario o cuya dueña sea una mujer.
El restaurante se convirtió por un tiempo también en un centro de aprendizaje del cuatro, el instrumento nacional de cuerdas de Puerto Rico. Además, se organiza allí una parranda navideña y los fines de semana se presentan tríos musicales.
A Vélez no le faltarán obsequios el Día de la Madre. Las tres generaciones de mujeres planean reunirse este domingo para celebrarlo juntas. "Se le compra sus flores, sus matas, porque tiene un patio lleno de rosas", dijo Lillie Espinosa, refiriéndose a los regalos.
Agregó que, pese a la diferencia de edad, su madre mantiene una relación de amigas con sus nietas Elizabeth, Janette, Monique, Natalia y Raquel. A menudo conversan y se ríen juntas, dijo.
"Una cosa que ella siempre nos ha enseñado es a estar unidos, a querernos, a llamarnos, a buscarnos", afirmó Lillie, quien recordó el día de la ceremonia de premiación, en Thonotosassa, las veces que su madre acudió a dar clases sufriendo dolores, tras dos accidentes de tránsito.
"Sé que no ha sido fácil para ella, pero lo hace", dijo.
En su hogar, a Vélez le gusta coser edredones, a tal punto que ha regalado uno a cada hijo suyo.
También colecciona muñecas, escucha música clásica y de tríos.
"La vida es bella", dijo. "Y mientras estemos en este mundo tenemos que hacer la diferencia en la vida de alguien".
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