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Dar un paso hacia la libertad

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Published: May 6, 2008

TAMPA--Varias mujeres vestidas de uniforme color naranja terminan de almorzar en el comedor de la cárcel del Condado de Hillsborough, en Orient Road. Jessica Rodríguez, de 41 años, las observaba en silencio a cierta distancia.

"No quiero regresar allí", le dijo a Gretchen Sánchez, una terapeuta, mientras esperaba que la seguridad le abriera la puerta para alejarse de los dos pisos de celdas.

Las memorias la hacían llorar.

Rodríguez, nacida en Nueva York de padres puertorriqueños, ha vivido 10 años en Tampa. Dijo que estuvo presa bajo cargos de posesión o uso de drogas. Fue puesta en libertad en el 2003.

La semana pasada, Rodríguez acudió a la cárcel de Orient Road para compartir sus experiencias con una decena de mujeres condenadas por diversos delitos y que tienen en común un pasado de adicción a las drogas.

"He estado limpia cinco años", les dijo en inglés al empezar su charla, una actividad que forma parte del programa de rehabilitación dirigido por Sánchez.

Rodríguez llevaba puesta una bata blanca. Orgullosamente, contó que estudia para asistente médica, y que pronto terminaría su entrenamiento. Las mujeres la aplaudieron.

Perdonarse a sí misma es algo que Rodríguez aprendió en el curso que pasó con Sánchez, mientras estaba presa en otra cárcel. Más de una de las reclusas pareció coincidir con ella, asintiendo con un gesto de la cabeza.

"Nunca fui honesta conmigo misma", continuó Rodríguez. Luego, les dio un consejo: Cuando salgan de la cárcel, deben buscar apoyo en algún grupo, para no recaer en las drogas.

Si no tienen dónde vivir, les recomendó que acudieran al Ejército de Salvación, donde ella es voluntaria. Si necesitan otra ayuda, les dijo que fueran al Metropolitan Ministries, entidad religiosa y caritativa local.

Rodríguez atribuyó a la oración el haber logrado reconciliarse con su madre. Dijo que ella le había dado recientemente $200 para completar el pago del apartamento que comenzaría a alquilar ese mismo día, y que había recuperado la custodia de sus cuatro hijos. Ahora tiene también amistades sinceras, aseguró.

"Tengo amigos que se preocupan por mí", dijo. "Antes no era así. Me decían: '¿Tienes dinero?'. La amistad no es eso".

Rodríguez afirmó, además, que asiste regularmente a la iglesia y tiene un negocio de instalación y reparación de paredes o drywall.

Los cursos impartidos por Sánchez en la cárcel de Orient Road forman parte del Programa de Tratamiento contra el Abuso de Sustancias, que se desarrolla desde 1987 con el auspicio de la Oficina del Alguacil de Hillsborough, según un folleto de esa dependencia condal. Su objetivo, de acuerdo con el documento, es dar herramientas a las reclusas para que alcancen un estilo de vida libre de drogas y no recaigan en ellas.

El curso es de 10 semanas, con clases de dos horas diarias, y es ordenado por un juez al momento que el acusado comparece ante la corte y sale a relucir un historial de uso o posesión de drogas. Hay un curso similar para hombres.

Sánchez dijo que en las clases las reclusas aprenden que la adicción a las drogas es una enfermedad que cambia la estructura cerebral y, por consiguiente, la conducta.

"Como consejera, pienso que al cabo de unas dos semanas ya empiezan a cambiar, porque ven que sí les va a ayudar", afirmó Sánchez.

El programa de consejería, afirmó, incorpora igualmente otros aspectos de la vida de una mujer, como el concepto de familia según cada raza o grupo étnico, la autoestima, la liberación del trauma y las relaciones malsanas. Sánchez ha impartido estas clases 10 años.

"El 75% de las mujeres que están en este programa tienen un historial de abuso", dijo. "Nos dimos cuenta que hay problemas del pasado que no han podido resolver".

Pero el programa, según Sánchez, encara limitaciones en el número de plazas disponibles debido a una creciente demanda, causada en parte por los recortes de fondos para programas contra drogas en la comunidad. El programa es gratuito para las reclusas, pero debe ser impuesto por un juez.

Nutrición, computación, orientación laboral, educación, destrezas paternas, yoga y control de ansiedad y enojo son algunos de los temas abordados en otras clases que se imparten a reclusos.
Katherine Carrero, de 39 años; Sheila Henríquez, de 25, y Lisa Guerra, de 48, eran parte de la audiencia de Rodríguez aquel mediodía.

Carrero nació en Puerto Rico y tiene cuatro hijos. El 6 de mayo debe ser puesta en libertad, pero dijo que contempla la perspectiva con una mezcla de alegría y ansiedad. "Para mí ha sido una bendición estar aquí, porque aprendí", afirmó. De acuerdo con ella, usó drogas desde los 30 años.
Henríquez, también puertorriqueña, dijo haber estado presa 15 meses y comenzó a usar drogas a los 13 años.

"Llegué aquí con una idea que ya no quería vivir, que no quería seguir y pedí ayuda al juez, y me dieron el programa de drogas", dijo.

La reclusa debe salir en libertad también en mayo, pero dijo que lo contempla como una nueva oportunidad para hacer mejor las cosas. "Yo nunca había visto la vida así", dijo Henríquez. "Siempre pensaba que no era buena para nada, pero ahora yo sé que puedo hacer muchas cosas".

Guerra, de padres italianos y españoles, dijo que ha estado en la cárcel varias veces desde 1993. Debe salir en libertad también pronto. Afirmó que se había prostituido durante años para conseguir drogas. Tiene dos hijas, es abuela y nació en Tampa.

"Es la primera vez en mi vida que sé que lo puedo hacer", dijo. "Estoy cansada…No quiero luchar más".

Las tres mujeres, bromeando, mostraron brazaletes donde aparecían las fotos que les tomaron al ingresar a la cárcel. Coincidieron en afirmar que sus rostros habían cambiado, porque actualmente se nota un brillo en sus ojos y creen que su apariencia es más tranquila.

"Lo primero que hacen es darse cuenta que llegan a un momento de paz con ellas mismas", dijo Sánchez. "Entienden que lo que han hecho en el pasado no lo pueden cambiar, pero se enfocan en el futuro".

Esto es precisamente lo que hace Jessica Rodríguez, quien planea casarse a fines del mes próximo. Mostró los aretes que su prometido le obsequió con la palabra "Princess" inscrita en ellos.

"Este programa es bueno para mujeres que quieren cambiar su vida", dijo Rodríguez al concluir su charla. "Si no utilizas lo que aprendes, no vas a echar para adelante".

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