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Se declaran culpables de contrabandear armas a Puerto Rico

Publicado: 25/06/2008

TAMPA – Cientos de armas del tipo AK-47 fueron contrabandeadas durante cuatro años de la Florida a Puerto Rico, por una banda de 15 personas, según documentos del Tribunal Federal de Distrito.

Cinco de los acusados se han declarado culpables, el más reciente de ellos el miércoles por la mañana, de ser miembros de la banda que entre el 2004 y 2007 compró armas a comerciantes legítimos, y luego las trasladó a Puerto Rico, haciendo ver que eran otras mercancías, indican los documentos.

Angel Colón Rohena, de 45 años y de Puerto Rico, se declaró culpable el miércoles por la mañana ante el juez federal de distrito Richard Lazzara de un cargo de confabularse para traficar con armas ilegales. Encara una sentencia de más de cinco años en una cárcel federal.

David Colón Rohena y Magda Colón, su hermano y cuñada respectivamente, ya se habían declarado culpables, al igual que Joel Quintana Ortiz y William Lopes Pereira.

El encausamiento federal de este caso, de 54 páginas, enumera 25 comerciantes de armas de la Florida, de Port Richey, New Port Richey, Hudson, Palm Harbor, Tampa, Spring Hill y otras ciudades incluyendo Miami. Se atribuye en éste a los acusados la compra de tantas como 20 armas al día, incluso ocho de un solo comerciante, asegurando falsamente que eran para uso personal.

Según el acuerdo de negociación de cargos de Angel Colón Rohena, los miembros de la banda compraron las armas a solicitud de Melvin Omar Vélez Santos, con la ayuda de Quintana Ortiz, cuyo historial delictivo no le permitía comprar o poseer armas legalmente.

"Actuaban a nombre de individuos en Puerto Rico que querían recibir las armas de fuego para avanzar su actividad criminal en Puerto Rico", señala el acuerdo de negociación de cargos.

Angel Colón Rohena compareció el miércoles ante el tribunal en una silla de ruedas. Dijo al juez que estaba incapacitado y tomaba medicamentos para el dolor. Dijo que antes trabajó como jockey profesional.

A veces, el acusado experimentaba un dolor tal, que parecía a punto de llorar, y el juez quiso ordenar un receso. Pero Colón Rohena insistió en seguir adelante.


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