Foto: Jay Nolan/The Tampa Tribune
Manos a la obra. Tabitha Baumberger (izq) y Sachy Rodríguez trabajan en el mural del Centro Recreativo Gardenville Park, en Gibsonton.
Publicado: 23/06/2008
GIBSONTON - El artista Ernesto Cuevas Jr se llevó una sorpresa cuando pidió por primera vez a los niños del Centro Recreativo Gardenville que dibujaran algo por lo que sintieran cariño o les tocara muy de cerca.
En vez del dinero, el oro y las armas que pintaron otros niños que participaban en aquel proyecto anti-padillas del Condado de Hillsborough, los chicos de esta comunidad rural en el este del Condado dibujaron el planeta Tierra.
Muchos de los niños pasan caminando todos los días por lugares donde hay pintadas en las paredes. Tienen amigos que se han involucrado en pandillas. Algunos han nacido en esa vida, de madres y padres pandilleros. Otros han perdido familiares en la violencia pandillera.
Cuevas los alentó a buscar más profundamente, con retratos de lo que afectaba su mundo. Poner esas experiencias en papel es siempre muy esclarecedor, dijo Cuevas.
"Empiezan a observar visualmente. 'Tuviste la misma experiencia que yo'", dijo. "Un paradigma empieza a cambiar".
Los dibujos fueron una especie de ensayo y debate mental para cuatro murales que se elaboran esta semana y que serán develados el mes próximo como parte del Project Safe Neighborhoods, una programa federal anti-pandillas administrado por el Condado de Hillsborough y la entidad no lucrativa Gulf Coast Jewish Family Services Inc.
Hillsborough obtuvo el subsidio de dos años, por un total de $977,000, del Departamento de Justicia de Estados Unidos para crear programas anti-pandillas en nueve "puntos neurálgicos", desde City y Riverview hasta el este de Tampa.
"No somos tan grandes como Chicago o Nueva York o Los Angeles", dijo Clarence "CJ" James, el coordinador de prevención pandilleril del Condado. "Y tampoco lo queremos ser".
Con unas 120 pandillas certificadas que usan nombres como los Latin Kings y la Folk Nation, y un número de miembros de cerca de 2,000, Hillsborough tiene es la segunda en crecimiento pandillero después de Los Angeles, según James, oriundo de Tampa y ex agente de policía en Nueva Orleans.
El proyecto se concentra en niños de entre siete y 14 años, la edad en que generalmente comienza el reclutamiento de las pandillas, con programas que abarcan deportes, campismo, adiestramiento, enseñanza, baile, arte dramático y arte.
Algunos son hijos de trabajadores migratorios que ven en la vida de pandilleros una forma de conseguir las cosas que no pueden comprar. Otros provienen de hogares deshechos y buscan estabilidad.
"Les damos proyectos y hablamos de lo que está ocurriendo en sus vidas", dijo Jonathan Miller, un director de programas en Gulf Coast Community Care, que administra el subsidio. "Les hablamos sobre cómo tomar mejores decisiones. Estamos sembrando semillas en las mentes jóvenes: ¿Qué más se puede hacer, además de pertenecer a una pandilla?".
Miller, un policía retirado que pasó ocho años en el Departamento de Policía de Los Angeles, afirmó que Hillsborough se ha convertido en un caldo de cultivo para las pandillas debido a su continuo crecimiento.
"Las pandillas son una extensión de Los Angeles", aseguró. "Son una extensiòn de Chicago, una extensión de Nueva York. Los padres se mudan de esas ciudades a la Florida, creyendo que se alejan, cuando en realidad se están metiendo de lleno en eso".
Gulf Coast ha gastado unos $769,000 hasta ahora en la iniciativa, dijo Rochelle Tatrai, la directora general de operaciones. El subsidio acaba el año próximo, pero funcionarios del Condado esperan reunir más fondos para continuar el proyecto.
El Condado usó una porción del subsidio para comisionar a Cuevas, un artista de Atlanta que se crió en Plant City y Dover, y opera RedCielo. La firma supervisa la realización de murales y proyectos de arte comunitarios como una forma de extensión.
Cuevas, su personal y empleados del parque trabajan con los niños para esbozar dibujos en las paredes antes de empezar a pintar. Terminar el proyecto tomará de cuatro a cinco semanas.
Cuevas, de 34 años, es una historia local de éxito. Este hijo de trabajadores migratorios podría haber tenido un destino en los campos de cultivo y haber sido pasto de las pandillas.
Pero sus padres abandonaron los campos por otros empleos más estables. Matricularon a Cuevas, a los cuatro años, en el Boys & Girls Club local. Durante su infancia, asistió a programas después de la escuela en centros recreativos condales en Dover y Plant City.
Con su tesón y solidez académica, Cuevas ganó una beca para el Tampa Preparatory High School, que le abrió camino a un título en arte del Dartmouth College.
Colabora ahora con otros artistas y facilitadores de programas, que ayudan a extraer ideas de los niños. Para el panel de este mural, se pidió a los niños combinar su interés por el medio ambiente con sus decisiones cotidianas.
El esultado fueron dos manos en lados puestos del panel tirando de una liana. Detrás hay casas, un caballo, notas musicales y un avión que vuela rumbo a Londres.
"Representa la lucha interna por la que tiene que atravesar un niño", dijo Cuevas.
Es una lucha cotidiana para Luis Arzola, de 11 años, y Juan Martínez, de 14. Ambos ven las marcas de las pandillas, contemplan las riñas. Luis perdió a un abuelo en Texas a causa de la violencia pandilleril.
Para esta pintura, dibujó la Balanza de la Justicia. Juan dibujó al mundo "con mi familia encima".
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