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Published: December 29, 2008
TAMPA - Ernest José Santana dio a su familia el mejor regalo esta Navidad cuando llegó al Aeropuerto Internacional de Tampa el mismo 25 de diciembre.
Santana, con grado de especialista en el ejército, regresó a Tampa después de prestar servicio 15 meses en Irak. Fue acogido por una pequeña multitud de amigos y familiares que le saludaban, agitando banderitas estadounidenses y alzando carteles con su nombre.
El soldado de 24 años se abrazó con fuerza a su madre, Wanda Velázquez, momentos después de poner pie en el área de espera del aeropuerto. Los viajeros se detenían a observar la conmoción.
"No necesito más para la Navidad", dijo Velázquez, de 44 años y residente de Tampa, con ojos llorosos. "Es buen hijo, buen hermano y tío, y tiene un gran corazón. Estoy orgullosa de que sea mi hijo. Fue decisión suya [alistarse], y hay que respetar su decisión y agradecérsela".
La última vez que su familia le vio fue hace 20 meses. Santana prestaba servicio como analista de inteligencia militar en la 1ª División Armada, con sede en Alemania, antes de ser destacado en Irak.
"Me siento muy bien; [allá] en lo más que uno piensa es en estar en casa, con la familia", dijo Santana, agregando que lo primero que quería hacer era tomarse unos cuantos refrescos energizantes Red Bull.
El reencuentro era algo que esperaban desde hacía mucho tiempo y fue como una bendición tener a su hijo de regreso sano y salvo, dijo su padre, Ernest Santana.
"Este es mi regalo navideño. Estoy loco de alegría. Trato de contener las lágrimas", dijo Santana, vecino de Bradenton. "Pienso en los otros soldados que no están en sus casas y mi corazón está con ellos. Estoy tan contento de ver a mi muchacho".
Ernest José Santana se graduó de la Secundaria Gaither en el 2003 y se alistó en el ejército dos años después. Su padre quería que fuera a la universidad, pero él tenía la mira puesta en las fuerzas armadas.
"Le apoyé", dijo su padre, de 52 años y reclutador militar retirado que prestó servicio 28 años en las fuerzas armadas. "Quería que fuera su decisión. No quería ser yo quien le dijera 'no' y después tuviera que lamentarlo".
Mientras estaba en Irak, Santana llamaba a casa dos o tres veces al mes, pero de todas formas la tensión de su desplazamiento resultó difícil para toda la familia.
"No podía ver las noticias. Cada vez que me enteraba de algo, se me partía el corazón", dijo Velázquez. "Es de veras difícil tener a un hijo en Irak; se puede esperar cualquier cosa".
Su hermana Jennifer, que se abrió paso en el grupo para abrazarlo, se mantuvo en contacto con su hermano mayor a través de la pagina web MySpace.
"No estuve de acuerdo al principio [con que se alistara], pero después le apoyé. Lo que está haciendo es bueno", dijo Jennifer Santana, de 21 años.
A Santana le quedan dos años en el ejército. Después de su estadía en Tampa, irá a Hawai, y luego volverá a Irak.
Las fuerzas armadas, dijo, son "una tradición familiar, y amo a Estados Unidos, de veras que sí", dijo.
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