Publicado: 22/12/2008
TAMPA - Cuando el neurólogo se lo dijo, Nélida Bagley empezó a gritar en el teléfono. "¡Miente! ¡Mi hijo no va a morir!".
Su hijo, José Pequeño, de 34 años y sargento de la Guardia Nacional de Nueva Hampshire, había sido emboscado en Ramadi, Irak. Una granada estalló cerca de su cabeza y perdió casi la mitad del cerebro.
Pero en unas semanas José respiraba por su cuenta. Pronto salió del coma; abría y cerraba los ojos. Recientemente, tras 34 meses y 17 operaciones, José ha vuelto a casa.
Fue dado de alta del Hospital de Veteranos James A. Haley y su madre lo llevó a la nueva casa de cinco dormitorios que la familia tiene en Land O' Lakes.
José es uno de los soldados con lesiones más traumáticas que ha regresado de Irak, dijo Steven Scott, director del Centro de Traumas Múltiples de la Administración de Veteranos en Tampa. No puede hablar, ni caminar, ni alzar sus brazos. Se alimenta por un tubo.
Pero está consciente. Sus expresiones indican cuándo se siente bien y cuándo siente dolor. Hace muecas si su hermana pone rap en el radio. Cuando su hija de 13 años le visita, sigue todos sus movimientos.
"Sus ojos brillan", dijo Nélida.
Los médicos ignoran si mejorará. Si puede librarse de infecciones un año, tratarán por última vez de reemplazar partes de su cráneo.
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José fue siempre un chico listo pero testarudo, según su madre. Tenía siete años cuando ella se casó con Robert Bagley, un ex infante de Marina; y a los 17, José le insistió que le dejara ser infante de Marina, como Bagley y el padre de éste.
Robert Bagley siempre fue muy exigente. "No le toleraba ninguna tontería". José respetó eso, aun después de que Bagley y su madre se divorciaran.
Años después, cuando ambos dejaron la Infantería de Marina, José y su padrastro se sumaron a la Guardia Nacional de Nueva Hampshire.
A José le enojó que no le llamaran para la guerra de Irak desde el principio. Así que se ofreció de voluntario. A comienzos del 2006, cuando fue lesionado, había estado nueve meses en Irak patrullando una ruta importante de abastecimientos.
Tres días después de saber que su hijo había sido herido de gravedad, Nélida pudo verlo en el Centro Médico Naval de Bethesda. Estaba en coma, con alambres y tubos saliéndole por la boca, la nariz y la cabeza. "Aquí estamos", le dijo. "Te queremos y vas a estar bien".
Por lo menos un familiar permaneció a su lado cada minuto.
Tras 19 días en Estados Unidos, en el Centro Médico Militar Walter Reed, en Washington, José empezó a respirar totalmente por su cuenta.
Aunque los médicos eran pesimistas, recomendaron terapia. El cerebro es tan flexible, que es capaz de desarrollar nuevas conexiones nerviosas para recuperar sus funciones. Los médicos querían reconstruirle el cráneo, pero dos intentos que hicieron fracasaron por las infecciones.
Tras fracasar la segunda operación en abril, lo trasladaron de Bethesda al hospital de la Administración de Veteranos en Tampa. Los médicos dijeron que intentarían una vez más, pero que tenía que librarse de infecciones por lo menos un año.
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Nélida se hospedaba en Fisher House, en los terrenos del hospital. La hermana de José alquiló una casa en Oldsmar y trabajaba en la cafetería del hospital.
Llevaban a José a casi cualquier lugar que fueran, pero a Nélida le pareció que iban a necesitar una casa. "Qué oportunidad para él… Poder sentirse en casa y no en un hospital, después de 33 meses", afirmó ella.
El hospital les ofrecería asesoría y equipos, pero la familia tenía que conseguir una casa.
Vieron docenas, demasiado pequeñas o caras. Luego de una decepcionante visita a una casa más, Nélida explicó su situación al propietario, Terry Hanson. Conmovido, a éste se le ocurrió algo. ¿Qué tal si les alquilaba su casa?
A Nélida le encantó. Cinco dormitorios, piscina y un patio apacible. Pero tendría que poner puertas más anchas, ampliar el baño. Nélida sólo podía alquilarla. ¿Podría hacer las modificaciones de todas maneras?
Hanson le dijo que le alquilaría la casa si acordaba comprarla al cabo de un año. Ella le dijo que no podía prometérselo, pero él dijo que no se preocupara.
"Fue un honor poder ayudar", dijo Hanson, que tiene una fábrica de alfombras, Creative Rug Designs. "Siendo veterano, sé lo mucho que ha luchado José. Quería ayudarlo".
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