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De víctima a sobreviviente

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Published: October 20, 2007

Updated: 10/20/2007 01:11 pm

TAMPA -- Durante años, Tara Batista fue una víctima. La vapulearon, la insultaron y la sometieron a un chantaje emocional. Pero ya no más. El abuso es ahora parte de su pasado y prefiere definirse como sobreviviente.

Batista contó su historia en un discurso ante casi 100 asistentes el pasado 9 de octubre, en el primer aniversario del Centro de Justicia Familiar del Condado de Hillsborough, entidad sin fines de lucro con sede en Tampa que ofrece ayuda a quienes han sufrido abuso doméstico.

"Esta es mi historia, pero sigo adelante", dijo Batista, de 37 años y madre de cuatro hijos, hablando en inglés ante su audiencia en el Centro de Justicia Familiar. "Cuando decidí tomar control de mi vida, mi existencia cambió".

Batista, de madre cubana y padre puertorriqueño, se casó en dos oportunidades. En ambas relaciones fue objeto de la violencia doméstica.

La primera vez fue mientras residía en Nueva York, ciudad donde nació. Batista relató que su esposo la golpeaba, la ofendía de la palabra, la amenazaba e incluso le administraba somníferos subrepticiamente. Finalmente, huyó de esta relación y se trasladó a Tampa en el 2002. Actualmente, su ex esposo enfrenta cargos criminales en Nueva York.

La historia de abuso se repitió cuando, tres años más tarde, Batista volvió a casarse. Su segundo esposo, dijo, la engañó, la golpeó, la amenazó y acabó por llevarla a la ruina económica.

Según Batista, recibió una vez $60,000 como resarcimiento por un accidente de tránsito. Pero antes de abandonarla su segundo esposo vació su cuenta de ahorros, dejándola prácticamente en la calle.

Desesperada y por consejo de una amiga, acudió el año pasado al Centro de Justicia Familiar.

"No tenía dinero y ni siquiera comida para mis hijos", dijo Batista, hablando en su casa de Wesley Chapel, en el Condado de Pasco, la noche antes de su discurso.

A través del Centro, Batista obtuvo un albergue temporal para ella y sus hijos, un empleo, así como $1,500 para el depósito y primer mes de alquiler de un apartamento. Recibió, además, consejería.
En la actualidad, Batista trabaja como empleada de servicio a clientes en una empresa local.
Mientras Batista ha iniciado una nueva vida, en otra parte de nuestra área "María", una mexicana de 27 años y con tres hijos pequeño, anda en busca de ayuda, después de huir por segunda vez de un compañero abusador.

Por motivos de privacidad y seguridad, CENTRO Mi Diario la identifica con un nombre ficticio.

Al cierre de esta edición, "María" había pasado 50 días en un albergue. Todavía no había encontrado una guardería para sus hijos y hallar empleo le resultaba difícil, por ser indocumentada y no hablar inglés. En una entrevista reciente, "María" manifestó temor de que si no encontraba empleo pronto, podrían sacarla del albergue.

"María" relató que llegó a Estados Unidos hace cuatro años. Trajo consigo a un niño y soñaba con un futuro mejor. Pero la ilusión pronto se transformó en pesadilla.

Conoció a un hombre en el 2004. Este se mostró cariñoso al principio, pero al poco tiempo se volvió celoso y posesivo, al punto de no permitirle trabajar. También la amenazaba y la maltrataba, y abusaba de ella sexualmente. En el 2005, "María" huyó de él.

Pasó un mes en un albergue local, donde conoció a otra mujer abusada y decidieron mudarse juntas. Pero a los pocos días la amiga la arrojó a la calle. Según "María", por carecer de papeles o familiares a quien recurrir y no saber inglés, tuvo que volver a la casa de su agresor. Relató que sus dos hijas gemelas son producto de una violación.

De acuerdo con Nikki Daniels, directora ejecutiva del Centro de Justicia Familiar, la violencia doméstica no es sólo física. "Es un poder en control sobre otra persona, que se manifiesta sobre el dinero, los hijos, las emociones", dijo.

El Centro reúne en el edificio de su sede a 20 organizaciones de asistencia legal, espiritual, médica y educativa. Bay Area Legal Services, The Spring of Tampa Bay, Florida Kid Care y Hispanic Services Council, son algunas de ellas. En todo el país hay 15 centros semejantes. El de Tampa es el único en la Florida.

Según Daniels, la ayuda que actualmente prestan no es suficiente. "Necesitamos más albergues y más asistencia económica". Daniels dijo que en su primer año de operaciones la entidad ha atendido a más de 1,800 casos.

Sin embargo, no todas los que huyen de la violencia doméstica, en especial los inmigrantes, conocen la ayuda a la que pueden acceder, según Linda Hess, directora de relaciones comunitarias de The Spring of Tampa Bay, Inc, organización que ofrece albergue y consejería a las víctimas.

"No preguntamos por el estatus migratorio de la víctima", dijo Hess. "No es nuestra preocupación; queremos que las víctimas estén seguras".

Hess agregó su organización acepta a todas aquellas víctimas que necesitan refugio. "Si el albergue está lleno, los enviamos a hoteles o moteles para que se hospeden temporalmente", afirmó.

Hess dijo que, en general, estos albergues permiten permanecer en ellos entre 45 y 60 días, tiempo durante el cual se ayuda a la persona abusada a buscar empleo y guardería o escuela para sus hijos.

"Es un período promedio para alguien que necesita alojamiento" afirmó Hess. "Cada caso es diferente, pero no arrojamos a nadie a la calle".

De acuerdo con Julie Ann Rivers-Cochran, directora de programas de la Florida Coalition Against Domestic Violence, con sede en Tallahassee, la violencia doméstica no tiene un perfil social o étnico definido.

"Está en todas las clases sociales con diversas culturas", dijo Rivers-Cochran. "La violencia doméstica no discrimina; cada comunidad está afectada por ella".

Según Rivers-Cochran, en el año fiscal 2006-2007, los 41 centros de atención de crisis de la Florida recibieron 106,099 llamadas telefónicas por casos de violencia doméstica. Agregó que en ese mismo período se dio consejería a 196,03 personas. De éstas, 14,207 fueron remitidas a albergues.
Rivers-Cochran adivirtió, sin embargo, que las cifras podrían ser mayores.

"Muchos sobrevivientes de la violencia doméstica no denuncian a sus abusadores a la policía ni piden los servicios por temor, vergüenza o amenazas", dijo.

Según ella, son los inmigrantes quienes a menudos evitan hacer una denuncia. Dijo que las víctimas temen que sus compañeros las puedan hacer deportar.

Tara Batista, entre tanto, quiere que su historia ayude otras mujeres que, como "María", siguen siendo víctimas.

"El abuso es una cadena que se terminó cuando decidí romperla", dijo en su discurso. "Si no se rompe, se pasa de generación en generación".

Para comunicarse con nuestra reportera gcook@centrotampa.com o 813-259-8477

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