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Una misionera de la educación

Su casa es una escuela. Alumnos inmigrantes aprenden inglés, gracias a su esfuer

Publicado: 12/10/2007

¿Convertiría su casa en una escuela? A simple vista, parece disparatado. Pero eso fue lo que hizo Carmen González. La sala y el comedor de su casa de Seffner funcionan como aulas y una de las habitaciones se ha vuelto salón de computadoras.

González se mudó a un pequeño apartamento que mandó a construir en el patio trasero de la propiedad. Así, convirtió su casa en un centro de enseñanza para inmigrantes.

Una mañana reciente, González, de 55 años y origen puertorriqueño, tenía a más de 20 alumnos en la sala de su casa para una clase de inglés. "Enseñar es mi vida", dijo.

González es profesora a tiempo parcial en el programa satélite para adultos del distrito escolar de la región este del Condado de Hillsborough, con un salario de unos $1,500 al mes.
Para prestar servicio a los inmigrantes que no pueden asistir a centros nocturnos de educación, buscó ayuda hace siete años en centros comunitarios e iglesias, pero obtuvo un "no" por respuesta. Fue así que surgió el Centro de Recursos Multiculturales, entidad sin fines de lucro ubicada en la avenida Parson, en Seffner.

En el Centro se dan clases gratuitas de inglés y GED. Otros cursos tienen un costo moderado, como el de cuidado infantil.

Al principio, González tenía tres alumnos; ahora son casi 30 por clase y hay más de 100 en lista de espera. Anualmente, se matriculan de 800 a 900 alumnos. El Condado supervisa las actividades educativas del Centro.

González se apartó un momento de sus alumnos, quienes hablaban en inglés sobre la cultura peruana. Recordó que, cierto tiempo después de creado, el Centro recibió donativos del sistema escolar, como una fotocopiadora.

Aun así, González dijo que su tarea no ha sido fácil. El Condado no paga ni las cuentas ni el mantenimiento de la escuela, porque ésta sigue siendo su casa. El año pasado, el Centro estuvo a punto de cerrar.

González, graduada de antropóloga cultural de la Universidad del Sur de la Florida, fue profesora de español a tiempo parcial en el Hillsborough Community College. Se mudó de Puerto Rico a California en 1978. Allí trabajó como ayudante voluntaria de maestra de preescolar. En ese entonces no sabía inglés. "Pasé las verdes y las maduras", dijo.

González, que vino a Tampa en 1986, se ve reflejada en sus alumnos cuando ella aprendía inglés. Cuando algunos se quejan en su clase de que el idioma "no les entra", ella les contesta: "Hay que perderle el miedo. El inglés pica, pero no muerde".

Una de sus alumnas parece tomar esta recomendación al pie de la letra.

"Aunque dure 10 años, aquí nos quedamos, pero aprenderemos inglés", dijo Marita Bernal, una peruana de 57 años, hablando a sus compañeros.

Otra alumna, Amada Betancourt, de 50 años y colombiana, tiene dificultades con el idioma, pero elogió la labor de la maestra. "Carmen es una persona muy dedicada a los estudiantes, pero en especial, ama lo que hace", dijo.

Al medio día, es casi hora de terminar la clase. González reparte entre los alumnos la letra de una canción. Cuando empiezan a cantar, algunas voces suenan desafinadas, pero no les falta entusiasmo. González contempla a sus alumnos.

"El Centro es mi obra misionera", dijo.


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