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Published: October 1, 2007
"Vas a tener muchos libros y poco dinero". Así le dijo alguien a Oceanía González, cuando planeaba abrir una librería en Tampa, hace más de 30 años.
Y en efecto, la labor de González en esas tres décadas ha sido "heroica", según un académico de nuestra área.
Su pequeña tienda, ubicada en el corazón de West Tampa, mantuvo su oferta de libros en español año tras año, pese a la indiferencia de los lectores y compitiendo con mega librerías que dedican secciones a ese idioma.
"Celebramos su perseverancia de mantener la lectura de libros", dijo Jorge Nef, poeta chileno y profesor de la Universidad del Sur de la Florida (USF).
En el 2005, USF rindió homenaje a la propietaria de Tampa Libros como parte de su Festival de Palabras e Imágenes en el 2005.
Pero todo, al parecer, se agota en esta vida... hasta el heroísmo. González cerrará Tampa Libros a fines de septiembre, por lo que está vendiendo a descuento toda la mercancía que ocupa el espacio que alquila en el 3608 de la Avenida Armenia.
En la colección abundan obras de la literatura clásica traducidas al español, así como obras de maestros como Azorín, Miguel de Cervantes y José Martí. Hay también libros infantiles, junto a revistas de farándula en español y toda una sección de discos de vinil y CDs dedicados al bolero y la salsa clásica. Incluso hay uno que otro libro en ruso o italiano.
Pero la razón de su partida no es precisamente la escasez de lectores.
"Nunca puede decirse que hay bastante mercado porque la lectura es de una minoría", dijo González. "Yo le vendía a las bibliotecas, a las universidades, a las cárceles, a las personas necesitadas de lectura. Allí estaba el presupuesto y de ahí pude seguir adelante".
Esas actividades, según González, las dejó a un lado. Los viajes al exterior de paseo o por motivos familiares consumieron la mayor parte de su tiempo en los últimos meses. Ahora, se dedicará por completo a ellos.
González administró por sí sola a Tampa Libros desde su inauguración en 1975. Como ávida lectora que no encontraba suficiente material en su idioma, decidió armar su propia librería, pese a no contar con grandes recursos.
"Toda acción nace con una idea. Yo no tenía nada", dijo.
González llegó de Cuba en los 60 junto a sus hermanos. Estuvo unos meses en Connecticut y luego se estableció en Tampa. Aunque estudió química en Cuba, en Tampa trabajó atendiendo un mercado y fabricando dentaduras postizas.
En sus tres décadas de existencia, primero en Hillsborugh y poco después en su local actual, Tampa Libros ha acogido a miembros de la comunidad, músicos y escritores reconocidos."Ha sido un centro para conocer futuras amistades y mi modus vivendi", dijo González.
Y aunque por ahora planea vender su mercancía, la propietaria no descarta dejar en manos de algún interesado la que quizás es la única librería en español de Tampa.
"Ya aparecerá alguien que va a llenar ese vacío", dijo. "Probablemente haga mejor trabajo que yo".
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