Publicado: 11/11/2007
SEFFNER---Una Biblia que le regalaron en la guerra, varias condecoraciones, entre ellas el Corazón Púrpura, para militares heridos en combate, y un soldado en miniatura con su nombre grabado, son algunos de los recuerdos que José Rafael Ramírez conserva de su vida militar. Permanecen visibles en la sala de la casa de Ramírez, un puertorriqueño de 52 años.
Ramírez pasó 12 años en la Fuerza Aérea. También prestó servicio 11 años en la Guardia Nacional como paramédico. Tanto tiempo de vida militar es algo difícil de olvidar, sobre todo los 14 meses que prestó servicio en Irak, a partir del 2003.
"La guerra cambió mi vida por completo", dijo Ramírez al relatar sus días en Irak. Narró que los combatientes dormían muy pocas horas y que a menudo el ruido de un carro bomba, las granadas o cualquier arma mortífera interrumpían su sueño. "Las explosiones eran nuestra alarma", dijo.
Uno de esos estallidos ocurrió precisamente en el campamento de Ramírez. Fragmentos de bala le hirieron en la boca y en una pierna. Sufrió pérdida parcial del oído; también daño cerebral.
Ramírez se retiró del ejército en julio del 2004 y, según las estadísticas de la Oficina del Censo, pasó a ser uno de 1,112,454 veteranos hispanos que había en Estados Unidos en el 2006. A su retiro, Ramírez era también uno de 6,149,126 veteranos discapacitados del país.
Ramírez se dispone a celebrar el Día de los Veteranos el próximo 11 de noviembre, una fiesta federal que rinde homenaje a mujeres y hombres, muertos y vivos, que han prestado servicio en las fuerzas militares de EEUU.
Ramírez recibe actualmente tratamiento en el hospital para veteranos James A. Haley, de Tampa. Padece el Síndrome de la Guerra del Golfo, término utilizado para referirse a las enfermedades sin explicación que originalmente sufrieron los veteranos de la primera Guerra del Golfo.
El síndrome incluye, entre otros síntomas, fiebres súbitas, problemas intestinales, insomnio, dolores de cabeza y musculares, y alergias crónicas. Según el Instituto Americano de Medicina Laboral y del Medio Ambiente, al menos el 12% de los veteranos de la Guerra del Golfo están actualmente recibiendo alguna forma de resarcimiento por una discapacidad derivada de este síndrome.
Pero esto no impide que Ramírez se sienta feliz de haber vuelto a casa. Hoy puede ayudar a hacer las tareas a su hijo Leonardo, de 8 años, a quien explicaba el pasado martes los honores que había recibido durante su servicio militar. También, puede compartir más tiempo con su esposa Luz María y su hija Verónica.
Las secuelas de la guerra también cambiaron la vida de otro veterano puertorriqueño, Néstor Fragoso, de 79 años.
El ex sargento del ejército contó desde su cama en el hospital James A. Haley, donde está hace tres meses a causas de problemas cardiacos, que al volver de la guerra de Corea, todo se alteró para él.
"Fue un capítulo muy triste de mi vida", dijo Fragoso. "Me vienen a la memoria momentos muy tristes que nunca los pude sacar de mi mente".
Fragoso estuvo destacado en Corea entre 1950 y 1953. Al terminar la guerra, fue dado de baja con discapacidad por presentar una condición nerviosa severa. Era agresivo, sufría convulsiones, tenía pesadillas y, según él, "sentía que aún estaba en la guerra".
A su retiro, Fragoso estudió contabilidad y ejerció durante años esta profesión, pero sus problemas de salud persistieron. Tuvo muchas recaídas nerviosas y fue hospitalizado en varias ocasiones por esas crisis.
Ese martes, su esposa Lidia lo acompañaba en el hospital. Ella recordó que hubo épocas en sus 52 años de matrimonio que fueron muy difíciles. Aun así, Fragoso aseguró que nunca se arrepintió de haber prestado servicio militar y haber combatido en la guerra. Desde su cama de hospital, Fragoso dijo que el Día de los Veteranos se pondrá su uniforme para honrar a los suyos.
Pero no todos se proponen celebrar ese día. Algunos llorarán por los suyos.
La maestra de primaria Norma Avilés recordará a su hijo Julián, de 18 años, uno de los primeros soldados muertos en Irak, en el 2003.
Avilés, residente de Tampa, dijo que su hijo se había inscrito para la reserva cuando la guerra empezó. Ella pertenece al grupo Veteranos por la Paz, un grupo de activistas que se oponen a la guerra de Irak.
"Queremos que la guerra termine; no era una guerra necesaria", dijo Avilés con voz entrecortada. "No hay un solo día que no piense en Julián".
Avilés agregó que el gobierno le dio una pequeña suma como resarcimiento por la muerte de su hijo, pero que ningún dinero podría reemplazar esa pérdida.
La repercusiones de la guerra más allá de los frentes de combate es un tema que ocupa a
Yanai Nassar, directora de operaciones de la Sociedad de Veteranos Hispanos, organización no lucrativa con sede en Miami. "La situación de las esposas y madres solteras de quienes mueren en la guerra es difícil", dijo. "No tienen suficiente apoyo económico para ellas y sus hijos".
Según Nassar, la situación de los veteranos hispanos y, sobre todo, de sus familias, es compleja. "Muchos llegan discapacitados, aunque no sea físicamente", dijo. "La mayoría viene con problemas mentales".
Además, de acuerdo con Nassar, tienen que esperar mucho para recibir tratamiento. Agregó que otro de los problemas que encaran es conseguir empleo. "Es bien difícil encontrar empleo", dijo Nassar. "Muchos son jóvenes veteranos discapacitados que no tienen suficiente educación".
Jess Quintero, presidente de The Hispanic War Veterans of America, una organización no lucrativa con sede en Washington, DC, concuerda con Nassar y cita otras dificultades.
"Nos hemos puesto al frente para que se escriban los beneficios y los servicios para los veteranos en español e inglés", dijo Quintero, aludiendo a que uno de los mayores inconvenientes de los veteranos es el desconocimiento de los servicios que existen para ellos y sus familias.
Quintero agregó que su organización está trabajando con los altos mandos militares para que exista más personal bilingüe en los centros médicos, hospitales y programas para la comunidad.
En tanto, Ramírez dijo que, tras su experiencia bélica, aprendió "a tener más apreciación por la vida". Aunque salió discapacitado, no se arrepiente de haber estado en la guerra.
"El soldado ve las cosas muy diferentes", dijo. "Ve su misión como algo necesario, no para lo inmediato, sino para el futuro de nuestros hijos".
Para comunicarse con nuestra reportera gcook@centrotampa.com o 813-259-8477
Comente aquí
(Requires free registration.)